viernes, 11 de septiembre de 2009

Carta para un elogio


Jorge Manuel Herrera

Fecha y lugar: Qué importa el día y el sitio, si lo que cuenta es hallarse en el mundo ahora.
Querido y reconocido Maestro Max Rojas, el cielo guarde una nube para usted y los suyos y también para los no suyos –Digo, para no ser descriminador–. Es un verdadero halago y gusto para mi, poder dirigirle esta carta, con motivo del homenaje que sus amigos: los poetas, los difusores de cultura, y hasta las instituciones que nos han convocado en esta ocasión, pero sobre todo: los lectores, esos que nos marcan el oficio, sin conocer que nos arrea a escribir. Y deseo de igual manera que usted se lo tome muy en serio este sencillo pero sincero reconocimiento, pues ahora en estos tiempos de estulticia y precariedad en las gentes que se atreven a decir que dirigen la cultura en nuestro país; el que se reconozca a un escritor en vida, por su obra y calidad humana es algo que en verdad hay que considerar como un hecho por demás poético, por qué celebrar al poeta por su palabra es un festejo a la vida misma.
La palabra es un sable, –esto lo sabe usted de sobra–, taja de súbito la inacción del ser, para clavarse hasta traspasar toda barrera de olvido y oposición a la verdad de las cosas. Yo en verdad que celebro este agradecimiento a su obra y persona, en cuerpo latente, por qué nada me daría más horror que ver como el sistema decadente de imaginación al momento que usted no esté, se erguiría sobre sus escombros para ofertar poner el nombre Max Rojas a una calle o banca de un parque. No, ¡qué asco!, lo que vale es esto mi querido Maestro, abrasar (con s) al Poeta, al amigo, al defensor de lo sagrado, al humano más humano, hasta convertirlo en un hortelano que recolecta en vida los frutos de su germinadora semilla: su poesía.
Maestro Rojas, quiero contarle que Stalingrado es el mismo de antes, bueno yo nunca he estado ahí, pero me imagino que al igual que el oficio de poeta que usted ha ejercido en su obra, aunque se llame de otro modo seguirá siempre en su mismo sitio, el corazón de quien lo quiere bien, y permanecerá inamovible y circunscrito al tiempo. Y esto lo sé por que le he leído muy poco a usted, digamos que me dedico más a sentirle y yo le siento comprometido con la poesía y después ocupado en respirar. Así le conozco adorador del marxismo auténtico que edifica valores universales. Le he oído anarquista e implacable acusador ante el dogma del poeta académico y falsamente ornamentado que no se compromete ante su tiempo y sus grandes pesares. Usted de poco en poco se va convirtiendo en los lectores el poeta preferido, como un modelo de la poesía actual, y a través de sus versos van tomando conciencia de que este mundo esta que se lo lleva la chingada y que la poesía es y será por siempre la única memoria que la humanidad pueda asirse para rememorar su tragedia de extinción y la añoranza de haber sido enorme.
Entrañable Maestro su poesía en lo personal me gusta, pues no siento en ella ambiciones de esnobismo, falsos linajes, ni ambiciones faraónicas y esto me revienta en mi sentir hasta convencerme que es usted un poeta verdadero, que de verdad usted sabe para que sirve la poesía, y que nunca se ha servido de ella para alcanzar las nubes del infierno.
Quiero pedirle que me aconseje como no venderle el alma al diablo. Pero bueno ya le comento después sobre esta angustia mía.
Ahora me entero que Cuerpos, su nuevo poemario en formación, lleva rebasadas las 3,000 cuartillas, le prometo que en cuento esté todo publicado, no devoraré el libro en una sola sentada, lo leeré con calma en el día a día, y así hacer de cuenta que no sólo nos vimos una sola vez en la vida. En Cuerpos usted ha comprometido todo su ser y tiempo y hasta la vida de sus gemelos. Al final pienso Max Rojas es congruente con el mismo, como siempre con el ser humano ya que esta magnánima obra es sin duda la muestra de ofrendar el sacrificio por el amor propio.
Yo le podría mentir mi estimado Max, a cerca de este poemario, diciéndole que es usted una isla, pero las islas no son para llegar más que al termino de una navegación o un vuelo. Al contrario, le digo que usted es tierra firme, la tierra donde nosotros sus lectores debemos contemplar su poesía como el centro espiritual que es.
En el turno del aullante, me da la impresión que usted ha vivido mucho tiempo entre lobos, o al menos reafirmo siempre que la historia nos ha mentido siempre, pues nunca los libros nos dijeron que de las tetas de Luperca, Romulo y Remo mamaban poesía. Mas usted Maestro en ese su primer libro no se engaña así solo, su verso aunque lastimero es la liberación de las fauces del lobo al llegar la aurora, como una luz iniciática que se sucede tan pronto el poeta retorna de sus infiernos, para fraguarse en una alegoría guerrera perteneciente en exclusividad al aullante, pues es el Lobo-poeta quien sólo conoce el orden de los bosques, devorador de astros falsos, y aunque herido, cada vez más fuerte aúlla para abrir de par en par el horizonte de la tierra.
A través de su otro poemario, El ser en la sombra, yo he concebido unas demenciales ideas a cerca de lo que desde siempre las sombras son, y mire usted Max, ¡Qué hijas de puta las sombras! Ellas guardan el orden estricto de las cosas, son como la segunda naturaleza de los seres, ligadas en consecuencia a la muerte, que sin duda alguna es una otra vida pero de un plano más superior. En el reino de los muertos el alimento básico es la sombra, sólo por llevarse una vida en sombras.
Contrario a esa noción de ellas, –sin dejar de reiterar que son unas hijas de puta- las sombras que emitimos los seres, son la constancia de que somos y estamos vivos. Pero de pronto me imagino que será de uno sin sombra y siento que así son estos días que nos tocan vivir hoy día, en que no somos ni la sombra de lo que fuimos, pues ahora el vértigo manda, en concubinato con la barbarie que procrean hijos deformes como los oportunistas dueños del mundo. Y aquí es donde retomo lo de venderle el alma al diablo y las sombras: El hombre que le vende el alma al diablo carece de sombra, por que el ser espiritual deja de existir, por consecuencia misma el ser humano. Y permítame a la distancia retomar El ser en la sombra para afirmar que esto es un fundamento muy preciso en el libro; aquí el poeta que se siente, palpita en esos versos, jamás concibe vender caro su espíritu ni siquiera para imaginar que alguien lo compre al costo más alto. A través de la palabra pudiente hace por alejarse del poder infernal, para ser el único vinculo con la tierra y sus elementos. Y que usted al cifrar poema tras poema evita a toda costa que la humanidad no pierda la sombra, que se concientice de retenerla, y es por ello que la poesía existe con el fin de preservar el ser espiritual que debe asirse a su sombra. Por qué si esta se conserva digna hasta la hora de la muerte, se verá que la sombra y el alma son distintas y al separarse del cadáver en turno, el alma irá hacia un limbo desconocido, mas la sombra permanece muy cerca de la tumba, manteniendo una interrelación con los vivos, para recibirles todo tipo de ofrendas depositadas en las tumbas, para esperar el regreso del alma y unirse de nueva cuenta a ella, para edificar un nuevo ser, que nacido por segunda vez sueñe a menudo con su vida anterior.
Ya ve por que le decía que las putas son hijas de las sombras, perdón era al contrario. Pero este desvarío no es particular Maestro, cualquier lector es susceptible de contraerlo si se acerca a la poesía de usted.
Ya me voy, no quiero que el mundo se desmorone si no le atiendo. Aquí lo dejo mi buen amigo Max Rojas, disfrute estos honores y en la otra oportunidad que tenga de volver a nacer, por favor, nazca otra vez poeta.
Desde el Cóporo toluqueño
Hasta pronto, mas luego