lunes, 17 de octubre de 2011

poemas

oemas del libro Biografía ciega de soledades



Canto marino


Y del verbo el mar.

las toneladas de sales

los relámpagos

los puertos en cada amor

la reflexión solitaria de los peces

el aparente rumor de olas en el cuerpo.


Y del mar el verbo

la piel escamosa translúcida

la tonada ciega de los caracoles

la fatiga del musgo

en la quilla de la soledad.


Mansamente


Mansamente canta

Quebrado del tiempo

Perro ciego

Selva


Mansamente se quita las costras

Las tira al mar

El viento sopla

Se estremece

Hermoso

Se deja caer


–Relámpago–


islas


I

Sobrevuela altiva

culebrina.

Punto infinito del cielo.


II

Al rumor del mar

las gaviotas tejen

al cielo las notas

últimas de la tarde.


III

La arena es el llanto

seco de los antiguos

dioses peninsulares.


IV

Los marinos ancestralmente

eran asiduos lectores

de epopeyas celestes.



V

La ola –un tanto– en broma

va borrando las huellas

del viajero para perderlo


VI

Cae un rayo

nadie lo escucha .

Sin embargo cae:

algo así es el miedo


VII

El navío se vuelve canto:

música de mares y ríos,

palabra que corre el silencio

para salvarnos

de nuestra mudez.


VIII

Devastado el barco canta

hasta que se acaba la voz:

marea de nuestro silencio.


Tomado del libro Poebrio, editado en el 2000



La noche entró a su cuarto,

levantó su falda, le apretó las nalgas,

le humedeció los pechos, la penetró.

cuando la noche se dio a la fuga,

ella quedó preñada de soledad.





Suicida


Cruzo las calles esperando la hora en que pases por mí.




Poebrio


Dentro del poema

el poeta ebrio

que con la mano borracha

sostiene la pluma

con la que escribe

un poema.



Poemas tomados del libro Sueño prosaico 2000


Para Eduardo Añorve


La mariconería de estar aquí

en este triste lugar pensando

con la saliva seca, el olor frío

del aburrimiento, las manos

que no sudan en un tiempo

donde no tocan ni escriben


La putería de seguir en el

mismo lugar, tristes, sin

pensar, sin saliva y el mismo

tedio de las semanas donde

las manos no tocan ni escriben


*


Era martes, tomé asiento

para escribirte un poema

cuando golpeé la primera tecla

ya era miércoles

la primera palabra la terminé

el viernes

espero que cuando acabe

este poema no estemos demasiado viejos

para amarnos.


Un poco de luz para retratar a Ana Lee


Una mujer descansa sobre el sofá,

el hombre con la cámara pide que habrán las cortinas,

quiere un poco de luz para retratarla.

Ella tiene sobre el regazo un cuervo y una carta,

en el suelo hay varias fotos y botellas desiertas,

alguien eructa desde la noche,

aliento alcohólico de Baltimore.

La luz no llega nunca.

Nunca más, para Ana Lee.

No más una doncella junto al mar,

ni la felicidad entre nubes.

Jamás brillará una estrella para ella.

Mientras en los ojos alcohólicos del poeta

Ana Lee descansa en su laberinto de musa.


































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